Nunca hubiera apostado porque un día me interesaran los sombreros, pero ese día llegó.
Hace un tiempo, tímidamente, había acariciado la idea de ver que onda con un sombrero estilo cowboy, es decir con alitas y “repulgue” al frente del mismo. El sombrero vaquero yanqui tiene además un doblez a los costados que no me termina de agradar, aunque su esencia era lo que buscaba.
Un día entré a una tienda Cardón y vi algo que se acercaba a mi búsqueda, pero demasiando cargado. Tipo cowboy, de cuero engrasado con dibujos labrados al tono, pesado objeto, por algo más de 350$, casi 400$ creo. Un exceso en todo, en trabajo del objeto, peso y precio.
Busqué desganadamente por CABA a mi paso durante varios meses sin ver nada que quisiera. Y un buen fin de semana, con mi familia fuimos a pasear al Tigre. Y ahí lo vi a mi actual sombrero tipo australiano, color verde/marrón oscuro, de tela/felpa/fieltro o como se llame el material. Liviano, y milagrosamente apropiado para mi cabeza y para mi look. Me sorprendí cuando en el negocio del Tigre me lo probé e instantáneamente pensé “¡me queda!”, y así fue como lo adquirí, desdembolsando sólo 140$ en él con alegría.
Para estos días de frío, luego de haberme hecho mi clásico corte de pelo militar con máquina, valoré mucho el abrigo que me dió este artefacto ante el viento gélido de las mañanas polares de Buenos Aires. Lo malo, eso si, es la turbulecia que produce el viento en los alerones del dispositivo sombreril.
Cosa que me llevó a notar que según como me lo calzara en el cráneo, podía tenerlo más flojo (“volatil” / distendido) o más calzado (“agarrado” / posición de combate) al bajar el alerón delantero.
Cuando uno anda por el mundo con sombrero, mira que sombreros usan los demás. En la calle y en el Subte se ve de todo. Lo que más se observa es el gorro yankee con visera onda baseball (barato, sin estilo, descartable); el gorro de lana que cubre gran parte de la pelada (no es muy elegante pero zafa bien, y es útil, me da impresión de ser el más usado por la comunidad chorra); el gorro coya o peruano multicolor de lana que cubre toda la cabeza inclusive las orejas gracias a sus orejeras (funcionalmente ok, abriga de lo más bien, pero estéticamente es una patada a la vista, casi todos vienen con pompón en la cima de la cabeza, y me hacen acordar al Chavo del 8), a veces el gorro chato citadino que es como una boina generosa y visera discreta, usada por dandys, taxistas, rateros (“el Chómpiras”) y otros raros; no le veo el sentido funcional y no es muy estético que digamos.
Y al final, el menos visto de todos en el ámbito porteño -excepto en la comunidad hebrea, que es más o menos esta onda en color negro-, el que uso yo: el sombrero tipo australiano, similar al vaquero norteamericano pero más sencillo aún.
No se si es del todo práctico, pero si se que la estética “me re-cabe” como dicen los pibes. Abriga el coco, pero la orejas y cuello quedan descubiertos. Con un coya/peruano o siberiano eso no ocurre, pero vamos a lo visual, descartemos lo funcional, yo quiero un sombrero para que sea lindo.
El tipo “Indiana Jones” (Fedora) es muy parecido a mi sombrero, sólo que más alto y con una banda gruesa en lugar de esta especie de cuerda entrelazada.



