El coleccionismo es una tema -para algunos- apasionante. Para mi no tanto, pero si interesante. Yo no colecciono nada dentro de lo estándar del mundillo del coleccionismo: ni estampillas, ni monedas, ni aviones para armar -modelismo-, ni latas, ni revistas, ni horripilantes muñecas antiguas de porcelana.
Pero si llevo una colección, que es virtual. Se trata de mi paquetote de software, clasificado en “software para Windows” por un lado y “cosas varias para Internet” por el otro, gran rubro a su vez partido en estos sub-rubros: “themes CSS”, “programación”, “utilitarios”, y “WordPress y amigos”.
Supongo que habrá otras colecciones virtuales (esas cosas formadas por ceros y unos grabadas en algún soporte mágicamente estable) como fotos de paisajes, fotos de minusas, fotos bizarras de todo tipo, versiones históricas de determinado software, etc.
Lo interesante de mi colección, que actualizo en el disco rígido de mi PC local y eventualmente refresco en el pendrive, y más esporádicamente llevo al lugar en el que trabaje, es que tiene valor en tanto y en cuanto esté actualizada.
Muy generalmente una o dos semanas de diferencia entre “versiones de compilación” hará que haya varios archivos antiguos que debieran ser actualizados, y hará por lo tanto a la colección entera vieja y obsoleta.
Lo mismo que hacía Rodo Bordenave cuando allá por la era FidoNet editaba sus CDs de software compilado con el sello “New Age BBS“; adaptado a esta época, con el feroz ritmo de actualización al que nos acostumbró Internet, y sin otro consumidor que yo mismo.
Mi colección.
Disponible en pendrive, para mi mismo.




